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tan lejos y tan cerca
Como humilde adhesión-recuerdo a la Semana del Che 07 en Alta Gracia, garabateo estas líneas, extraídas de lo más hondo de mis memorias.
Carlos Rafael Domínguez
en el mundo
El mundo es grande y es pequeño. Depende de con qué se lo compara. Ninguna dimensión es absoluta. Encontrar un ser humano perdido en el universo parecería algo cercano a lo imposible. En el mundo más reducido del planeta tierra hay algunos seres humanos que son más fáciles de localizar que la inmensa mayoría de los que permanecerán por siempre anónimos para la mayor parte de los otros seres. Pero hay también otro mundo, ni grande ni pequeño, que está encerrado en ese espacio misterioso (cada vez, quizás, un poco menos) que hoy día llamamos mente y cuyo tamaño varía de cerebro a cerebro y, hasta en un mismo sujeto, parece alterarse de un minuto a otro.
En ese mundo propio de cada uno están ciertamente ubicados muchas personas que ocupan un lugar allí por alguna relación emocional más o menos arcana con la propia existencia. Cada humano posee ese mundo propio. Hay quienes tienen el atrevimiento de querer penetrar en esos mundos ajenos y hasta se animan a proyectar temeriamente el suyo propio para interpretar ese conjunto inmensamente numeroso y variado de mundos tan diversos que forman lo que llaman, con un término demasiado unificador, sociedad. Mi pretensión es en este caso muy reducida. Modestamente, voy aquí a tratar de explorar, con cierta timidez, un rinconcito de mi propio mundo.
aires de la sierra maestra
Como quiera que sea, pareciera que hay momentos en que muchos de esos mundos son refrescados o agitados por ciertos vientos comunes que arrastran aromas muy semejantes. El nombre del Che entró en la esfera de lo que puedo llamar mis conocimientos a fines de la década de los 50s, asociado con el de Fidel Castro. Fue por vía periodística. Cualquier persona medianamente informada seguía día a día esos acontecimientos. Fueron por un tiempo el núcleo de lo que pasaba en el mundo. Yo, personalmente, estaba muy alejado de todo tipo de información ajena al minúsculo mundo en que estaba recluido. Tomé contacto con el nombre del Che, lo tengo bien grabado en la mente, en 1959, pasando vacaciones con seminaristas, y como uno de ellos, en una villa de Tandil. Una hermosa mañana estábamos tomando el desayuno entre el perfume de los pinos con una pequeña radio de transistores que nos daba las noticias más importantes del día. No solíamos, en ese entonces, escuchar la radio. No nos estaba permitido. Ese día fue una casualidad. Ni sé cómo se dio. Creo que mis superiores estabán muertos de miedo al solo nombre de Fidel Castro y su asociación en ciernes con el comunismo soviético. No pregunté nada. Me levanté y me puse a caminar bajo los pinos haciendo mi propia composición mental. Tenía muy escasos datos. Pero hay casos en que la imaginación es fecunda y se anticipa a los datos. De improviso, tras aquellas noticias, me pareció como que me envolvía una ráfaga de aire fresco y perfumado desde la Sierra Maestra. Lo emocional empezó a meterse fuertemente en mi interior. La aventura, lo heroico...un ideal...
¿Temor por lo que pudiera suceder en la escena mundial? ¿Esperanza de un futuro mejor para una pequeña isla del Caribe en medio de la atmósfera de una “guerra fría”? ¿Un dejo de simpatía por esos aventureros indomables? Mis ideas en ese tiempo con respecto a política nacional o internacional distaban mucho de ser demasiado claras. Pero cuando la gente de mi entorno en el seminario opinaba sobre algo, a mí, instintivamente, se me daba por pensar lo contrario. De niño había seguido con curiosidad los vaivenes de la Segunda Gran Guerra y, a pesar de Corea, me imaginaba en general en esa nueva década un mundo más tranquilo. Grave ingenuidad. Con los años aprendí que la guerra en el mundo es constante. Solo cambian sus formas superficiales. Lo contrario es utopía.
Los años pasaron. También las décadas. El CHE siguó siendo para mí un personaje interesante, novelesco, apasionado, misterioso. Siempre aferrado a sus utópícos sueños. Coherente hasta la muerte. No todas sus acciones eran de mi gusto. Pero era un tipo realmente muy especial para mí. Nada más que eso. Pero me resultaba simpático.
la distancia se acorta
La distancia se acortó hacia 1999. Fue de la siguiente manera. Ocho de la tarde. Estación terminal de ómnibus en Tandil. Curiosamente, de nuevo Tandil entre el Che y yo. Noviembre. Ya hacía muchos años que había dejado el seminario con toda su carga.. Acababa de cumplir mis habituales tareas docentes en un instituto e iba a regresar a Mar del Plata. Debía esperar un rato. Fui al quiosco de diarios y revistas. Buscaba algo para leer en el viaje. Me llama la atención una revista de edición semanal con el retrato del Che, a todo color, en la tapa. La compro. Subo al ómnibus. La lucecita para lectura milagrosamente funcionaba y me pongo a hojear las páginas. Voy al artículo de tapa. Me cubro los oídos para no ser perturbado por el ruido espantoso y ensordecedor de la película que empezaron a proyectar.
¡Sorpresa! En dos páginas centrales a todo color leo: ALTA GRACIA y me encuentro con una foto de la casa donde había vivido el Che y un croquis del barrio Carlos Pellegrini, en el que estaba situada. Miro una y otra vez y reconozco a “mi “ barrio en Alta Gracia. Leo el más bien breve texto y encuentro que mi barrio, mi casa y mi tiempo en Alta Gracia coincidían con los del Che.
allá en las sierras cordobesas un día
Investigué. Leí lo que pude. Visité los viejos lugares de la ciudad serrana cordobesa y llegué a elaborar el sencillo dossier que incluyo a continuación de estas reflexiones.
Ciertamente no conocí personalmente a Teté como dicen sus biógrafos que era llamado entonces. Al menos sabiendo quién era. Conocí y muy bien todos los escenarios de sus andanzas y travesuras de aquellos años. Por eso me resulta familiar reconstruir con emocionado realismo todas las anécdotas que se narran de él. Él utilizaba a menudo la pileta del parque del Sierras Hotel para practicar natación. Muchas veces estuve en ese parque. No utilizaba la pileta pero estuve junto a ella y miraba a quienes nadaban.
Teté contaba con numerosos amigos. Era muy sociable y travieso. Yo era un chico muy cuidado y no andaba solo. Mi único amigo de entonces que recuerdo por nombre era Dante, hijo de los cuidadores de una lujosa residencia vecina. Con Dante recorríamos todo el barrio (bastante pequeño y algo alejado del centro) y de tanto en tanto partipábamos en picaditos de fútbol en alguna calle tranquila. Seríamos unos quince o veinte. Los biógrafos del Che mencionan que él a menudo tomaba parte en esos partiditos. Es imposible que no hayamos coincidido más de una vez.
Conservo una foto de cuando yo tendría dos o tres años donde estoy frente al cerco de ligustro de entonces ante la casa que hoy es museo. Tengo también una foto del Che ante ese mismo cerco, tratando de montarse a un perro. Igualmente se muestra en la bibliografía una foto de Teté montado en el “burrito” de un viejito que lo ofrecía para eso y donde también nos montábamos mi hermanita y yo.
En fin, las posibilidades de encuentros han de haber sido innumerables. Sin embargo, el destino quiso que este encuentro se produjese, y solo en forma “virtual”, tras su muerte y mis casi ochenta años.
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DOSSIER DE COINCIDENCIAS
el triunfo / alta gracia /el triunfo / alta gracia / el triunfo / alta gracia
(Desde mi nacimiento, junio de 1928 hasta mi marcha definitiva de El Triunfo , setiembre de 1936.)
Se entremezclan datos suministrados por la bibliografía sobre el Che (Gambini (1)– O´Donnell (2)) al respecto y mis recuerdos personales .
· 14 /15 de junio de 1928. Nace el Che en Rosario.
· 19 de junio de 1928. Nací en El Triunfo.
· 1931. Por la enfermedad de mi padre nos radicamos temporariamente en Alta Gracia: Joaquín, mi padre, Maruja, mi madre, Petra, la criada, Bocha, mi hermana mayor, Susy, mi hermana menor, y yo. Alquilamos un chalet llamado Villa Nydia, contiguo a Villa Isabel. En Avellaneda al 500. En el barrio Carlos Pellegrini, cerca del Sierras Hotel y del Golf.
· 1932. 4 de abril. Yo estaba en El Triunfo. Caen las cenizas del Volcán Descabezado.
· 1932, mayo. Nace Roberto. En Bs.As. (Palermo) Dice el Sr. Guevara: “Entonces vendí todo y nos fuimos a vivir a la provincia de Córdoba, a una ciudad ubicada a treinta kilómetros de la capital: Alta Gracia”. Allí creció Ernestito. Viven en el hotel La Gruta.
· 1932. 12 de set. Susy es bautizada en Lincoln. Yo estuve presente.
· 1933. 19 de diciembre. Fallece mi madre en Buenos Aires, adonde nos trasladamos
en tren para una mejor atención.
· 1933. Los Guevara se trasladan a Villa Chichita. Una finca desocupada en la calle Avellaneda del barrio Villa Carlos Pellegrini...era un chalet gótico de dos plantas...La describe su tía Carmen de la Serna. ...”tan mal construida que presentaba grietas por todas partes”. Enfrente de Villa Nydia.
· 1933.Fines de diciembre. Regresamos inmediatamente a El Triunfo y a los pocos días volvemos a Alta Gracia. Nos llevó Mario Urrutigoity en la coupé azul. Nos dejó. Nos establecemos en una casa, tipo chorizo, no lejos de la casa anterior, que seguía estando cerca del Sierras Hotel. Al parque del Sierras Horel íbamos seguido con Susy y Angela. No usábamos la pileta sino la arena y los juegos (toboganes, etc...). Bocha iba a la escuela de Hermanas, terminando su primaria, que había iniciado en El Triunfo.
· 1934 (mediados ¿?) regresamos a El Triunfo, donde estuve para la fiesta de inauguración del cañón en la plaza. (setiembre de 1934). Joaquín se quedó solo en Alta Gracia.
· 1934 (fines??) Volvemos a Alta Gracia. A la casa donde había quedado mi padre. Ya no era Villa Nydia.
· 1934. Cuando Ernesto tenía 7 años, se mudaron a una casa nueva más cómoda al otro lado del camino. Villa Nydia era un chalet de una planta bajo la sombra de un gran pino. El propietario era el “Gaucho” Lozada, dueño de la iglesia y la casa misionera de Alta Gracia...La casa donde yo había vivido en 1931.
· 1935. Junio. Ciertamente yo estaba en Alta Gracia el día de la muerte de Gardel.
· Aprendieron a nadar (Ernesto y Roberto) en la pileta del Sierras Hotel, ubicado cerca de allí, y en el verano pasaban el día en el agua. Antes que cumpliera 8 años recibieron una circular del Ministerio de Educación requiriendo que debería anotarse en alguna escuela
· Tal vez mi padre recibió lo mismo. El hecho es que antes de noviembre de 1935 los chicos con Petra regresamos a El Triunfo. El 5 de noviembre, día de elecciones, hubo un tiroteo frente a mi casa.
· 1935 / 36 . Susy, Angela y yo nos quedamos en El Triunfo hasta setiembre de 1936. Yo estaba cursando el primer grado. Mi padre se queda en AltaGracia en “La Esmeralda”.
· 1937. Ocupan el chalet de Fuentes.
· 1939. Ocupan el chalet de Ripamonte.
· 1940. Ocupan nuevamente Villa Nydia- Ingresa al Colegio Nacional Deán Funes de
Córdoba, adonde viaja diariamente.
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En julio de 2001 se inaugura en Alta Gracia el museo municipal del Che Guevara. En Avellaneda al 500, Villa Nydia, donde viví. Allí estuve la semana de la inauguración. Imposible dar cuenta de mis sentimientos en esos momentos. Es en la casa donde la familia Guevara pasó varios de sus años en A.G. (1935-1937) (1940 – 1941). Tiene ahora algunas refacciones en el frente.
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El Che recorría el suelo americano, al parecer sin un rumbo físico. Solo con un mundo casi ilusorio de revolución social en su mente. Hasta que ambos mundos se encontraron. El mío y el suyo siguieron derroteros muy apartados. Apartados, en lo más externo. Tal vez en sus capas más profundas, tienen más de una coincidencia. Hoy lo encuentro al Che en la encrucijada de un recuerdo muy remoto de nuestras infancias. ¡Cómo me gustaría haber tenido una charla con él! Ahora ocupa por cierto un lugar inamovible en mi mente y tal vez, ¿por qué no?, también en mi corazón.
(1) Gambini, Hugo. El Che Guevara; la biografía. Editorial Planeta Argentina S.A.I.C., Bs.As., 2000.
(2) O´Donnell, Pacho, CHE; la vida por un mundo mejor. Sudamericana, Bs.As., 2003.
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